No dejes de seguir al conejo blanco

No dejes de seguir al conejo blanco

viernes, 19 de noviembre de 2010

POLVO

A Qué aspiramos es una pregunta tan intrigante que de mis ojeras salen gotas de humo que aplauden y secundan la moción. El polvo es lo que se rocía por las casas cerradas y vacías, es lo que acompaña al abandonado y arropa al ebrio en un bar de matinée. Es lo que sale cuando escachas un corazón roto, cuando las lágrimas se secan y se quedan en una encimera. Cuando corres, levantas polvo, cuando aspiras, respiras polvo, cuando te agitas el pelo, nace el polvo. Es nuestro medio, nuestra agua donde nadamos, lo que somos y lo que seremos, las estrellas que algún día brillarán, en lo que nos convertiremos.
Sé que tiene mal uso de "hechar un...", pero miles de palabras pueden hacer esa excepción y no verse afligidas por lo malsonante que rebota en nuestras cavidades; son capaces de negarlo un día con tal de ver que todo el polvo se une. Incluso al más abandonado se le reposa el polvo en el zumo de naranja del bar de los jueves, incluso a las abuelas les encanta levantar el polvo para infundirnos a todos la creencia de que los ciclos nunca mueren, y que el polvo tampoco. Nosotros sí, pero también somos polvo. Por tanto, vivimos mientras morimos, y nos acabaremos despedazando para acabar sobre las lágrimas secas de la encimera de alguien que ha llorado por amor.

martes, 16 de noviembre de 2010

Causa efecto de la globalización

"Hay algunos días que el hombre desea convertirse en piedra para vivir tranquilo, y hay algunas piedras que desean que al hombre le llegue su día para vivir tranquilas..."

domingo, 14 de noviembre de 2010

Spreeng


Todos buscamos que los pétalos florezcan cuando les cae la luz, que ese beso sea siempre para nosotros, que la carta que esperamos no se la lleve un mar de aire. Todos soñamos, todos somos nocturnos, todos veraneamos. Todos somos Shakespeare, Shakespeare somos todos. Entre los árboles fuertes nacen luciérnagas con piernas y hombrecillos verdes, en nuestra frente crecen las dudas como crecen en otoño los hongos. Cuando se mueven las hojas por la noche esperamos ver esa tímida brisa que arrulla el viento, esperamos encontrarnos con la muerte, pero solo de paso ya que siempre tendrá cosas más urgentes. Esperamos reposar en la yerba, fría y dulce del rocío, mirar al cielo y contar las tintineantes estrellas que nos acompañan. En una desfiguración borrosa, acudiremos al deseo, mientras el deseo vaga al infinito. Murmuraremos, protestaremos, lloraremos, nos dispersaremos... Todo hasta que dejemos que el amor nos haga a nosotros en vez de nosotros a él, y la noche se apague igual que el sonido de una orquesta cuando te adentras en un bosque, mientras el sonido se disipa en el final del sueño, hasta que agarremos la almohada y deseamos morir durmiendo para no tener que despertar...


PUCK. Si nosotros, vanas sombras, os hemos ofendido,
pensad sólo esto y todo está arreglado:
que os habéis quedado aquí dormidos
mientras han aparecido esas visiones.
Y esta débil y humilde ficción
no tendrá sino la inconsistencia de un sueño;
amables espectadores, no nos reprendáis;
si nos perdonais, nos enmendaremos.
Y, a fe de honrado Puck,
que si hemos tenido la fortuna
de escaparnos ahora del silbido de la serpiente,
procuraremos corregirnos de inmediato.
De lo contrario, llamad a Puck embustero.
Así, pues, buenas noches a todos.
Dadme vuestras manos, si es que somos amigos,
y Robin os lo restituirá con resarcimiento.
"A Midsummer's Night's Dream", Final Act


jueves, 11 de noviembre de 2010

Oda a la diana.

Pasó silbando una bala a su lado
la miró con ojos oscuros, con tez morena
y a punto estuvo de morir en su condena
cuando se desvaneció triste su pasado...

Un dolor de nostalgia y sentido del deber,
amor a la patria y a la ley constante.
Carne de mirilla, persona interesante,
es su sangre lo que ellos quieren beber!

Si como hombre fuera muro, como muro estatua,
con el mismo temple se mantiene solitario
adaptando su realidad a una prisión mellada en lágrimas

Y hasta que no pueda tener paz en su rutinaje diario
no descansaremos hasta fusilar las ánimas
de aquellos que deben morir entre fuegos fatuos.

Saviano, has cambiado muchas vidas a cambio de atormentar la tuya. Para que después digan que Dios no existe

domingo, 7 de noviembre de 2010

Gajes de oficio, puro desperdicio

"... un escritor es aquel que saluda a la vida con un libro en la mano y un porro en la otra, pero ni se fuma el libro ni se lee el porro."

jueves, 4 de noviembre de 2010

Fábula sobre mi abuela

Mi abuela era una de esas que compraban el té helado para beber y lo metían en el microondas. De esas personas para las cuales las vicisitudes de la vida no eran sino un mero aprendizaje, una forma de demostrarse, tras su mirada canosa, que la rutina no le había absorbido por completo. Aunque, muchas veces me contaba las re-manidas historias de cómo mi abuelo tuvo que hacerse un tendero de puestucho de respuestos, y no estudiar medicina en Madrid porque era lo que Mamá Isabel, una matriarca de decisiones duras, no habría querido. Mi abuelito, en paz descanse, quiso seguir la carrera diplomática, pero escaseó el dinero y tuvo que quedarse hasta que le mató la diabetes.
Y ya habían pasado veintitantos años, pero a mi abuela le gustaba seguir recordando. El recuerdo para ella era como atarse con una cuerda a los baúles del pasado, y el otro extremo lo aseguraba en cosas diarias, como el periódico, el telediario, la mayonesa que caduca y el molesto dolor de las rodillas, que atacaban terriblemente el frío haciendo la acción de caminar más mecánica y más desvencijada.
Una tarde estaba empeñada en que nada era como antes, cómo había evolucionado con magnificencia los ritos diarios del ducharse, de la medicina, de la comida... Ella los soltaba como una puntalada de golpe, como esas corrientes de aire frío cuando se abre una ventana.
- Ay, querido nieto, si hubieras conocido los tiempos de antaño, los añorarías tanto como yo... - y es cierto que yo siempre fui un romántico, me encanta escribir a pluma o a máquina, cartas, con tinta... Pero uno tiene que saber sobreponerse a todo aquello que pueda hacernos la vida un poco más sencilla-. Era distinto.
- ¿ Cómo distinto?
-Pues la vida era más rudimentaria, pero no sabías la de bien que nos la pasabamos, en el campo, y sin tanto problema de tráfico y grandes ciudades que, Jesús, cómo la agobian a una...
- Pero abuela los tiempos evolucionan, tienes que saber adaptarte.
- Y bueno, pero las cochinadas de la inflación cada vez nos afecta más. Antes uno iba al cine con tres pesetas y le sobraba para comprarse un yogur, ahí en frente del Cuyás. Y no costaba todo tanto, oh, no, los libros valían 25 pesetas. Tu abuelo tenía un estante lleno de ellos... -dijo mientras me miraba con una mirada de melancolía perdida en las altas cumbres.
- Pero abuela eso es imposible por los tiempos que corren.
- Es cierto, antes el dinero era distinto... - dijo mi abuela mientras sus profundas arrugas se redimían.
- ¿ Cómo distinto?
- Pues no era un vil metal que fuera rulando de mano en mano como si fuera un insecto despreciable, con todas esas pesetas, comprábamos la felicidad.
Ahí me quedé ligeramente callado, intentando rumiar el concepto de felicidad.
Tras un breve silencio, me dijo :
- Pero y tenías que haber visto las relaciones familiares, hoy en día, con tanta maquinita uno se acaba volviendo loco, tintineos que van y que vienen... Antes no había nada como una máquina de escribir, tchin tchin y las palabras salían solas, esas Underwood si que eran buenas...
- Pero abuela, se traban muchísimo más que los ordenadores, es bastante más complicado escribir, y borrones, y eso...- le expliqué yo, a la vez que me intentaba excusar.
- Ah, tienes razón, es mucha complicación. Sin embargo, tu abuelo desaprobaría tanta máquina. Él se compraba con veinticinco pesetas ( lo que le costaba el Pirata, ya sabes, el transporte para ir de Las Palmas a su casa) un libro todos los días. Y se lo iba leyendo de camino a casa.
- ¡Pero abuela! ¡La distancia es tremenda! ¡ Es imposible que alguien camine eso todos los días!
- Es cierto... Hasta la distancia antes era distinta..

Moraleja : Las abuelas son un pozo inmenso donde se concentran la sabiduría, la locura y el entendimiento. Muchas veces llegan a rozarse entre ellas.

martes, 2 de noviembre de 2010

cruciâmentum

Que es el humano , defenderlo , cemento, industria.

Qué es el humano .

Definámoslo sin miedo. Un humano es parte de agua y demás compuestos químicos, irreverentes para lo que aquí se quiere hablar. Un humano son trozos de piel y sensaciones. Son decisiones equivocadas, cosas mal hechas. .Errores. El principio del humano es cometer errores. Dónde se quedó todo eso, ahí dejamos la naturaleza y consideramos que es más importante el avanzar que el considerar realmente la posición básicamente humana de una persona. Cuánto quisimos destrozar el medio, de una forma silenciosa estamos perforando nuestras entrañas, nuestras intimidades mas exhibidas al aire libre. No tiene que existir un motivo para las cosas. Las cosas son el motivo. No hablemos de funciones para crear, de necesidades que satisfacer. Si el hombre quiere escribir, coge un papel y escribe. No coge el último ordenador de cuatro procesadores o los que les vayan añadiendo según convenga. Esa no es la idea. El que quiera comer, que pesque. Podrá parecer idea totalmente radical . Pero aquí nada le va a demostrar lo que no sepa a nadie. Estamos dejando que en un fuego de consumición vengan las máquinas a demostrarnos que, habiendo salidos de nuestra propia Creación, son incluso más perfectas e inequívocas que los mismos padres. ¿ Qué hicimos, para qué carajo servimos nosotros? ¿Acaso no han traído las máquinas las desdichas con los progresos? ¿ Qué me dicen de la invención del revólver, de la guillotina, de la mecanización? Como acto de defensa, los seres humanos escupimos con ludismo hacia monstruos de metal. Pero ahora no, ahora somos nosotros las piedras y ellas los seres vivos. Con una batalla nunca se ganará una guerra.

sábado, 30 de octubre de 2010

Entrada nº 32 - "Nochenguecho"

"Según estudios del francés Acosième Perrant, hay determinados lugares donde la bruma no se filtra de la misma forma, sino que se queda como una capa espesa de metal azul, indeseable e intraspasable. Tras la publicación del artículo del reportero marsellés en la Revista Science, y más tarde en la reedición de un especial de National Geographic ( nº 48), millones de científicos salieron a cazar la bruma con todo tipo de artilugios, con cazamariposas, con cazos llenos de agua hirviendo, con ventiladores que habían trastocado para que hicieran el efecto contrario... Lo cierto es que no se había demostrado si realmente la bruma tenía alguna propiedad a parte de posarse sobre las aguas y entorpecer el paso de los enormes pesqueros de coraza perfilada, pero muchos pensaron que sería un avance para ellos tener un nombre entre la comunidad tras intentar poseer el que podría ser el quinto estado de la materia, si según fuentes bibliográficas, contamos el plasma entre ellos.
"La imposición de un metal- gas podría ser ese componente técnico que hemos estado esperando quince años en los departamentos de ingeniería, y quién sabe si en los hospitales con los nuevos componentes para curar el cancer" afirma Shaylor Ravenal , cuyo trabajo como jefe de departamento del Ala Aeronáutica del MIT le otorga cierto rango al hablar de este nuevo descubrimiento.
Incluso muchos historiadores hicieron un avance a la investigación, para no dar más nombres que probablemente usted olvidará al final de este artículo, diremos que uno de esos historiadores descubrió que ese proceso ( al parecer de condensación férrea) se debe a la acumulación de metales pesados, abundantes en las zonas pesadas donde, probablemente, se hayan filtrado de los altos hornos vapores plomizos. Pero llegó a corroborarlo más, llegó a especificar que sólo pasa en unas determinadas latitudes y longitudes de la zona, es decir es un fenómeno de tipo circunstancial. Este fenómeno, ocurrido sólo en periodos nocturnos, era bautizado por los habitantes como " Nochenguecho", aunque debido a la escasez de intérpretes y al mal oído de los integrantes de la expedición nunca se pudo esclarecer.
Al final se permutó con los habitantes una serie de concesiones fabriles con el derecho de explotación de ese compuesto químico que todavía ( estaban en ello) no había sido introducido en la tabla periódica, así que la vieja edición de Mendeleiev tuvo que ser reconstituída. Pese al paso de los años, no se ha podido averiguar a ciencia cierta el por qué de ese efecto brumoso, que hizo que las aguas turbias del norte de España nunca se pudieran ver con claridad. O por lo menos, eso pensamos hasta que James Davis sacó este libro."
Prologue of the book " A night in Getxo", by James Davis

viernes, 29 de octubre de 2010

Carta al fracaso ( de Lecciones de vida)

John Lennon dijo, en su tan famoso ingenio, que la vida es lo que a uno le va sucediendo mientras intenta hacer sus planes. Pues bien, todos sabemos que nada suele salir como lo planeamos, muy alineados tienen que estar los planetas o muchas veces tienes que haber besado una pata de conejo, para que la chica que te gusta te dedique una sonrisa o para que ese examen que llevabas mal estudiado sea calificado con un diez. O más difícil aún, que todo lo que pensemos o decimos no sea transformado en basura para meter en la papelera de la utopía.
Lo mejor de todo esto que nos sucede es que nuestro cuerpo y nuestra alma generan cambio, ambos sendos, los dos. Y como Darwin estableció que la clave es saberse adaptar, yo supongo que los baches en esta vida y las interrupciones no son más que un engranaje para poder aprender que todo y nada es verdad dentro de una mentira. Aunque nos sigan oliendo los calcetines a dolor y las manos a fracaso, debemos sobreponernos. Si no podemos solucionarlo, no podemos hacer nada excepto agradecerte tu razón de ser, señor Fracaso.
A ti va dirigida esta carta, que de esa forma atacas y a la vez besas a los hijos y a los ilusionados, a los padres y a los torpes. Haces que un armario deje de oler a naftalina para oler a fracaso, haces brotar y caer lágrimas como si fuera sangre de una ahora, eres tan despreciable que no se ni por qué te escribo.
Pero te necesito. Yo y tu amiga, el éxito. Me gustaría desesperadamente que dejaras de levantar un halo de falsas esperanzas y miserias a todos aquellos cuya suerte está echada, dejar de hacernos creer que por la noche dormimos y por el día soñamos.
Y sobre todo, deja de tirarme a escondidas a mi zaguán bolsas de corazones rotos.
Gracias

martes, 26 de octubre de 2010

jueves, 21 de octubre de 2010

Where is the love

Está en las tinajas consumidas por el polvo de los mercados sirios, está en esas gotas de lluvia que se desparraman asfixiantes contra un cristal. Está esperando ansioso a que dobles la esquina para que lo noquees y te pueda invitar a su boda. Está en los tambores de carnaval, en la serpentina absurda volando sobre nuestras cabezas. Aspirando el aire, danzando los corazones, esperando insigniticante en una esquina de tu cuarto, esperando que apagues la luz para entonces envolver a todos los mosquitos en un aura que huele a puerros.
En el remoloneo de una caricia se esconde un monstruo peludo y agradable, que huele a almizcle de rosas y chicles de melón. Se ordena los cabellos con los vientos del norte.

lunes, 18 de octubre de 2010

Reflexión.

De antemano pido perdón por la brevedad, y también por darlo en forma de pensamiento suelto y muerto, próximamente prometo un cuento. Hoy, necesitaba reflexionar sobre la condición humana.


A veces es importante almidonar ese punto blanco y vacío de tu cabeza, esa bola redonda que tienes como referente, como haz de luz y guía de norte, para dejarte llevar ( y con esto, me explico).
Es muy fácil creer que la vida es una suma de casualidades, o un logaritmo que se resuelve con una calculadora o con alguna intrínseca parábola, o alguna pregunta metafísica que encontraremos en un libro de Hume.
Pero lo cierto es que los humanos somos mulas, poseemos una carga tan limitada que es fácil oir ese chasquido fúnebre de cuando se nos parte el espinazo por todo lo que cargamos encima. En la lengua anglosajona, esta expresión se llamaría " Lean on somebody", alguien sobre el que dejar recaer ese bloque de cemento que la naturaleza nos puso sobre la espalda.
Debemos dejar de buscar culpables en torrentes de sangre, ni cuchillos afilados para desangrarnos con más razón. Admitir que la culpa es inmutable, que no podemos usar alquimia social. Que las amistades son las piedras preciosas ya dadas, que todo en nosotros es apoyo, recurriendo al poema de Neruda de " todo en ti fue naufragio" ( Canción desesperada). El libre albedrío al que debemos someternos debe ser bien medido sobre nuestros actos, y por eso conservar el mayor número de relaciones posibles, para poder compartir amor. Repartir amor, sentir amor. Por eso, si alguien me llama a las tres de la mañana para contarme que el abuelito se murió, que cayó la muerte sobre sus palmas blancas y aciagas, con esa sonrisa fosforescente de vida plena y tanto rencor reprimido, lo mantendré al teléfono y me limitaré a escuchar. Porque no me hace falta ser ni filósofo ni psicólogo para saber que, la mitad de los lamentos de pena del inframundo son palabras pidiendo ayuda.

jueves, 14 de octubre de 2010

Ojalá las guitarras.

Silvio se levantó esa mañana con el arrullo esperanzador de una caracola de tierra. Tenía un avión que salía de La Habana a las 9 a.m., tuvo que pegarse ese madrugón con resignación para colocar su equipaje en la puerta y que le vinieran a recoger en un auto negro.
Parecía cosa de gángsters, pensó, en un auto negro como si lo fueran a retornar a su familia en una bolsa de basura. Se levantó a eso de las seis para darse crema espumosa por la barba y afeitarse con una hojilla afilada, quedándole la superficie más o menos lisa, obviando los hoyuelos del paso del tiempo.
Tenía su guitarra esperando en la puerta, como un perro ojo a visor, esperando a que la luna terminara de descolgarse del cielo, de que se apagaran las primeras farolas con ese neón tan negro, tan lleno de silencio.
Al final con un rechinar en la calzada llegó el auto, metió la maleta y todos sus menesteres para ir hacia el aeropuerto. Aún recordaba cómo Fidel le había dado la oportunidad para tener una gira en Argentina, evadiéndose de Cuba, de las altas cañas de azúcar, de los uniformes verdes y de las reglas non-sense de gobernante de barba piojosa, pero respetable.
En el derredor del auto había una especie de aura que cortaba la noche y surcaba el malecón como un barco de fondo plano. Silvio iba pensando qué canciones tocaría en el Gran Rex, pero se le obnubilaba la conciencia al saber lo que le había dicho Fidel antes de largarse del salón presidencial, huyendo de esos altos butacones con garras de cóndor.
" Si huyes de aquí, pendejo, si te marchas del régimen dejando a todos tus compatriotas cubanos en falda, haré que les den a tu mujer y a tu familia lo merecido, que aquí nadie huye. Lo que yo me he sacrificado por tener nuestra Cuba fuera del imperialismo yankee no va a ser destrozado por lo que dejes de hacer, por esos juegos de exilio por Europa."
Silvio, le dijo Fidel, mírame. Has sido un gran compatriota, tus canciones nos inspiran a todos, llenas los aires de este paraíso que es Cuba. Pero hay mucho maricón que se raja cuando le soltamos las alas, así sin más. Se llegó a decir que, musicalmente, un cuarteto es la Orquesta Filarmónica de Cuba dando una gira internacional. Imagínate qué mal me sentó aquello. Por eso tengo que tomar estas medidas, lo hago por el amor que le tengo a este país. No lo hago por mi amor, no pienses mal.
Las ventanillas se iban llenando de un vaho incontenible, y las casas parecían ser estrepitosos monstruos en busca de algún viajero que llevarse al porche. Cuando abrió ligeramente la ventana, ya que sentía que ese huevo revuelto que se había tomado para desayunar no le había sentado bien, pudo notar el almizcle de las calles, el olor a barro desmigajado de la carretera camino del aeropuerto.
Y al final salió a escena al Gran Rex, la gente le silbaba, le aplaudía, le idolatraban el arte como a nadie. Y todo esto sintiéndolo fluir, sin medir qué palabras ni qué comisuras para decir lo correcto o lo que a uno le hizo daño. Se sintió eterno. Cuando tocó el ojalá, la gente se estremeció como en una ola de energías vibrantes. Le dio lástima tener que despedir a los porteños, acurrucarse en otro auto para coger de nuevo el avión al aeropuerto. La estancia en Buenos Aires le pareció un lapso comprimido en una gota de lluvia. Algo como de esos viajes resabio, que a penitas le llegó a la muela de atrás este abrazo enternecedor.
Sonó el nombre de su vuelo en los altavoces, que le inspiraban atarlo hacia una muerte. ÉL caminó con pesadumbre hasta la puerta de embarque, se quedó imponente delante de las relucientes mesas donde ellos te recogen el billete para que pases al interior, te quedes en esa " confortabilidad" de sillones duros y recios y de niños llorones. Niños, pensó entonces. Se enfrentó con la cara hacia la decisión misma, se sintió hombre en niño en vez de niño en hombre, ese temor tan superficial y tan inesperado. No supo qué hacer, las gotas de sudor le bajaban en el vaivén por su afeitada cara, por esas gafas color de perla, por esos hoyuelos distantes que escupían sus recuerdos; mas lo único que supo decir es :
-Ojalá las guitarras toquen más alto que los chillidos bélicos de los políticos - y diciendo esto, sin que nadie le escuchara, se dio la vuelta hacia el cartel de Éxit.
A Silvio se le puede ver de cantautor de transportes públicos por unos pesos o un café y un alfajor, suele tocar en la Plaza de Mayo, en las afueras del Gran Rex, en calles porteñas hondas y largas donde se hunde el ocaso, en...

martes, 5 de octubre de 2010

Fosa común

A Federico García Lorca
Y una vez muertos, los familiares empezaron a llorar sin piedad.

domingo, 3 de octubre de 2010

El céntimo que pudo haber caído al vacío

De una de esas estancias que yo conservo en Manhattan, en un edificio bien alto, me quedan conservados unos bocetos que hice yo en carboncillo de las cosas que se veían por la ventana de mi habitación. El que más me intrigaba era el de un pájaro cuclillo que había conseguido sobrevivir entre tanta polución, fue asombroso ver cómo su cabecita blanca con la linea que la dividia estaba igual de límpida que si hubiéramos estado en una granja en Arizona. Pero era extraño que hubiera llegado volando hasta ahí un cuclillo, tan débil y en mitad de tanto ensamblaje de metal sin motivo...
El caso es que observé mejor el boceto. Era del año 98, de cuando tuve que fotografiar a unos oficiales de la marina que iban a ser homenajeados por los actos en una de esas innumerables guerras de las que olvidé los nombres, para no creer estar dando vueltas en círculo. Al día siguiente, estaríamos en el 99. Ya entonces se usaban los objetivos largos para las fotografías importantes, pero el revelado seguía siendo tan arcáico que aún me parece verme envuelto en aquel espectro rojo mientras aspiraba el olor de los líquidos. Era como una droga para mí, sentir en la piel negra de la fotografía cómo se iba formando una imagen, una vida tan chiquita...
Puede ser que lo que más me sorprendiera de aquel boceto no fueran los trazos mal organizados que denotaban mi falta de práctica (la cual sigo conservando igual de intacta), sino que al borde del gris alféizar neoyorquino había un céntimo. No era ni siquiera un dollar, era un ECU. Así que un pequeño intruso infame en una cornisa despreocupada, en el fondo me dio pena porque era como yo. Un viajero con etiqueta.
Todo esto ocurrió mientras yo me lavaba los dientes, imagínense qué patética la escena, a mí me estaba saliendo la espumilla por la boca de lavarme los dientes. Fue después que pude admirar el céntimo, una vez en el boceto, pero mi mirada indiscreta no lo vio la primera vez.
Fue entonces cuando decidí recoger el céntimo de donde estaba, volviendo a Manhattan. Volví después de ese tiempo tormentoso que pasé alli, entre tantos sahumerios insoportables de asfalto blando. Pedí la misma habitación, y aunque no estaba seguro de poder encontrar el céntimo y de gastarme unos trescientos dólares por una corazonada, creía saber que las piezas del destino acaban coincidiendo en algunos ensamblajes.
El caso es que, a parte de un aspecto más carcomido de los muebles, de un aura que denotaba que las tardes se estaban pudriendo en Manhattan, lo demás permaneció igual, inalterable en su cortina de agua.
Me quité el equipaje y lo puse encima de la cama, me apresuré a abrir la manilla de la puerta del baño y, dos segundos más tarde, la de la ventana. Me costó reconocerlo, pero ahí estaba. Tan gris, tan solitario, cubierto por una capa de polvo denso, habían pasado seis años y el céntimo seguía bailando en esa ventana, sin haberse percatado los trabajadores del hotel de lo que había en ese trocito de aire.
Bueno, el caso es que ahí estaba yo, con mis yemas ligeramente ásperas toqué el céntimo ,y vi cómo el montículo de polvo se desplazaba con cuidado, permitiendo ver que efectivamente era un ECU. Sentí un ligero alborozo al reencontrarme con lo que había parecido un viejo amigo, alguien infatigable que había comprendido al fin el principio del sedentarismo.
Lo más difícil ( una decisión que me sigue cavilando en la cabeza después de los años) fue decidir si lanzaba ese céntimo al vacío para que cayera con un eco sordo y sin otro propósito, o si iba al Banco Federal a sustituir esa moneda casi sin valor por un centavo, y ver si así podría comprarme un chicle.

viernes, 1 de octubre de 2010

Alfonsina y el Mar

Siempre fuiste princesa vetusta
llena de harapos incontenibles,
con tus ojos profundos y verdes,
con tu sonrisa de pianola salada.

Fuiste caminando al trote lento,
acariciando la negra arena
de un día lluvioso donde
las sirenas lloraban zozobrando.

Bajamos la lámpara, te vimos el rostro en las escarpadas cumbres.
Tú dejaste caer el pelo a la vez que dejabas caer la muerte.

Nadie te quiso, niña ingrata, tus labios están solos,
ni las gaviotas te los picotean con gracia.

Ni la profundidad del abismo,
pudo con tu alma incontenible,
pudo con mí mismo.

Ni la llama de tus perlas grandes
que no apagaban los murmullos
de la caracola de los Andes

Y mientras te lleva esa voz antigua, mientras hundes tus pies
yo te veo caminar, mientras el mar te va vistiendo de tu mortaja...

martes, 28 de septiembre de 2010

En los ojos crecidos de la tierra, por esas manos hijas de tus manos.

Muchas veces nos cuesta apreciar la belleza que hay a nuestro alrededor. Y digo apreciar por no decir ver, que es un verbo que usamos como si fuera dado a nuestro propio derecho, con el derecho de recostarlo en una cama y de hacerle el amor todas las noches. No hace falta ser un burdo para darse cuenta de que es un tesoro tan preciado que ni siquiera lo vemos. Apreciar las gotas de lluvia en el tacto nunca sería lo mismo sin verles esa capuchita brillante y despreocupada que nos afila la piel cada vez que se agita el cielo, y de cómo de esa forma tan cínica distinguimos los colores del arco iris con nuestra profunda pupila.
Cierto es que, hasta que te conocí ( tampoco hace mucho, apenas han pasado unas semanas de clase ) desde que leí a Saramago no había entendido el sentído póstumo- filosófico de una ceguera implacable, de esos ojos que los paraliza y los arrulla con suaves espasmos de tu corteza motora nerviosa. Hasta que te conocí no supe ver, sólo miraba. Mirar sin ver, qué crimen condenado a lapidación, cuando en tu mundo las gafas de sol son las de ver y las de ver son las yemas de los dedos, cuando apenas te parece perceptible ver el mundo con esos cuatro sentidos, tan agudos, tan perfectos, que dan ganas de volverse ciego sólo para admirar toda la belleza que hay en nosotros. Sé que quizá no me verás sonreír al verte progresar de esa forma, ver que sacas un diez en un examen oral, y yo, que he tenido el privilegio de estar sentado delante de un libro toda una tarde sin no tener que palpar esos pequeños retazos de punto que muchos llaman braile. QUé desperdicio más grande es mi vida, pudiendo ver y no ver, teniendo opciones para discernir, para saber que unos labios son rojos sin tener que besarlos. Por eso te pido perdón, y aunque esta entrada sea escueta y no creo que la leas, que sepas que llenar de ese cosquilleo de máquina durante el día es algo que exquisitamente me recuerda a las máquinas de escribir.
Y sobre todo, Javier Lorenzo, gracias, gracias, gracias, por mirar este mundo tan incoloro con tus centelleantes ojos de ciego.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El céntimo que pudo haber caído al vacío

De una de esas estancias que yo conservo en Manhattan, en un edificio bien alto, me quedan conservados unos bocetos que hice yo en carboncillo de las cosas que se veían por la ventana de mi habitación. El que más me intrigaba era el de un pájaro cuclillo que había conseguido sobrevivir entre tanta polución, fue asombroso ver cómo su cabecita blanca con la linea que la dividia estaba igual de límpida que si hubiéramos estado en una granja en Arizona. Pero era extraño que hubiera llegado volando hasta ahí un cuclillo, tan débil y en mitad de tanto ensamblaje de metal sin motivo...
El caso es que observé mejor el boceto. Era del año 98, de cuando tuve que fotografiar a unos oficiales de la marina que iban a ser homenajeados por los actos en una de esas innumerables guerras de las que olvidé los nombres, para no creer estar dando vueltas en círculo. Al día siguiente, estaríamos en el 99. Ya entonces se usaban los objetivos largos para las fotografías importantes, pero el revelado seguía siendo tan arcáico que aún me parece verme envuelto en aquel espectro rojo mientras aspiraba el olor de los líquidos. Era como una droga para mí, sentir en la piel negra de la fotografía cómo se iba formando una imagen, una vida tan chiquita...
Puede ser que lo que más me sorprendiera de aquel boceto no fueran los trazos mal organizados que denotaban mi falta de práctica (la cual sigo conservando igual de intacta), sino que al borde del gris alféizar neoyorquino había un céntimo. No era ni siquiera un dollar, era un ECU. Así que un pequeño intruso infame en una cornisa despreocupada, en el fondo me dio pena porque era como yo. Un viajero con etiqueta.
Todo esto ocurrió mientras yo me lavaba los dientes, imagínense qué patética la escena, a mí me estaba saliendo la espumilla por la boca de lavarme los dientes. Fue después que pude admirar el céntimo, una vez en el boceto, pero mi mirada indiscreta no lo vio la primera vez.
Fue entonces cuando decidí recoger el céntimo de donde estaba, volviendo a Manhattan. Volví después de ese tiempo tormentoso que pasé alli, entre tantos sahumerios insoportables de asfalto blando. Pedí la misma habitación, y aunque no estaba seguro de poder encontrar el céntimo y de gastarme unos trescientos dólares por una corazonada, creía saber que las piezas del destino acaban coincidiendo en algunos ensamblajes.
El caso es que, a parte de un aspecto más carcomido de los muebles, de un aura que denotaba que las tardes se estaban pudriendo en Manhattan, lo demás permaneció igual, inalterable en su cortina de agua.
Me quité el equipaje y lo puse encima de la cama, me apresuré a abrir la manilla de la puerta del baño y, dos segundos más tarde, la de la ventana. Me costó reconocerlo, pero ahí estaba. Tan gris, tan solitario, cubierto por una capa de polvo denso, habían pasado seis años y el céntimo seguía bailando en esa ventana, sin haberse percatado los trabajadores del hotel de lo que había en ese trocito de aire.
Bueno, el caso es que ahí estaba yo, con mis yemas ligeramente ásperas toqué el céntimo ,y vi cómo el montículo de polvo se desplazaba con cuidado, permitiendo ver que efectivamente era un ECU. Sentí un ligero alborozo al reencontrarme con lo que había parecido un viejo amigo, alguien infatigable que había comprendido al fin el principio del sedentarismo.
Lo más difícil ( una decisión que me sigue cavilando en la cabeza después de los años) fue decidir si lanzaba ese céntimo al vacío para que cayera con un eco sordo y sin otro propósito, o si iba al Banco Federal a sustituir esa moneda casi sin valor por un centavo, y ver si así podría comprarme un chicle.

Ensayo sobre el amor

Quimera empíricamente obstinada.

martes, 7 de septiembre de 2010

Querido Pancho:

Ya sabes bien, por todas las injusticias que acaecen al mundo, que es un poco complicado evitarlas, no faltarán nunca malas personas para empujar hacia el borde del precipicio a las buenas, todos somos como semillas y, por mucho que lo intentes, no puedes luchar solo.
Por eso te doy unos consejos para que aproveches bien tu vida, ya que la trascendencia para ser recordado por futuras generaciones no es tan importante como ser recordado por tus coetáneos, sobre todo amigos y familiares.
Nadie mejor que tú sabe lo importante que es un abrazo, envolver a alguien con tu alma y demostrarle que le proteges, fundir por un segundo dos cuerpos, y saber que no estas solo. Eso suele ser solo la práctica, ya lo sabes, la teoría solo sirve para llenarnos la cabeza de pájaros, ya que la cultura sólo es aquello que se queda en nosotros cuando se olvida todo lo demás. Pero solo sabemos valorar como "importante" aquello que tiene un precio o una cuantía, y llevamos muchos años viviendo equivocados.
Primero que nada, ¿ has pensado alguna vez en que el dinero debería ser como los ajos? Debería pudrirse a los dos años, la mitad de los problemas se nos acabarían. Pero si esto fuera cierto, lo que realmente es importante nos pasa desapercibido en la retina. Cuando la yerba huele a mojado, la gente está prestando atención a la bolsa de Down & Jones, o a Wall Street, esperando empecinadamente que su dinero crezca como el caudal del río en el que una vez se negaron a bañarse.
Lo que quiero decirte, es que las flores se ponen igual de mustias que las sonrisas, y en ello reside toda su belleza, en ese instante que apenas nuestras pupilas coloreadas pueden captar esa gota de agua resbalándose, o esos labios tibios acercándose. Todo es bello, pero no todo es importante. En los años que te quedan ( espero que sean bastantes, sin problemas como los que acaecen al tiempo, ya sabes, próstata, cáncer, cáncer de prostata, nostalgia, y esta última es la mas peligrosa..) sepas valorar lo que te escribo desde tí y para tí, para que te des cuenta de que el amor no es un fruto que alguien recoge y se merienda un día, es algo que tiene que estar presente como una casa, tiene que aparecerte todos los días en la cara. Y sobre todo, tienes que saber repartirlo, aunque ya lo haces muy bien, no decaigas, siempre por personas como tú se mantiene el mundo, hay que saber mirar con el prisma que no nos ofrece el humor vítreo, ya sabes, ese prisma líquido del corazón, donde ves el " dentro" del alma de una persona.
Y definitivamente, si tuviera que darte un consejo, seria este :
Nunca dejes de soñar. SI hay algo mejor que dormir, es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar.

Atentamente :
Tú